jueves, 19 de marzo de 2015







En los relatos cotidianos que se van construyendo alrededor de los objetos, encontramos la imaginación recreada con creencias arraigadas casi inamovibles, que nos dejan con la curiosidad del pensar de donde nacieron todas esas creencias, de donde nace esa particular necesidad humana de sentir que hay algo más allá de su entendimiento,  y que ese algo grande, vendrá a salvarlo, a tal punto tiene la necesidad el ser humano de librarse de sus responsabilidades y descargarlas en algo más, que ha decidido entregárselo a cualquier cantidad de objetos inanimados que en última instancia se convierten en chivo expiatorio de cualquier situación adversa. Más allá de eso hay una riqueza imaginaria que puede dejarnos entre curiosos y divertidos, al advertir que además esos objetos se entremezclan tanto con la cotidianidad que pasan de ser objetos de misticismo, a artículos decorativos que conservan su lugar en los techos esquinas y amuletos. Mas por herencia y costumbre que por real creencia, y así como dice un dicho popular “no creo en las brujas pero que las hay la hay”, nos vemos avocados a conservar los artículos en ese por “si las moscas”, pues parece ser que todavía no estamos preparados soltarnos de la tradición mágica, y estas fotografías bien han cumplido su tarea de mostrarnos los sitios y la importancia que aún conserva el objeto místico.


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