En los relatos cotidianos que se van construyendo alrededor de
los objetos, encontramos la imaginación recreada con creencias arraigadas casi
inamovibles, que nos dejan con la curiosidad del pensar de donde nacieron todas
esas creencias, de donde nace esa particular necesidad humana de sentir que hay
algo más allá de su entendimiento, y que
ese algo grande, vendrá a salvarlo, a tal punto tiene la necesidad el ser
humano de librarse de sus responsabilidades y descargarlas en algo más, que ha
decidido entregárselo a cualquier cantidad de objetos inanimados que en última
instancia se convierten en chivo expiatorio de cualquier situación adversa. Más
allá de eso hay una riqueza imaginaria que puede dejarnos entre curiosos y
divertidos, al advertir que además esos objetos se entremezclan tanto con la
cotidianidad que pasan de ser objetos de misticismo, a artículos decorativos
que conservan su lugar en los techos esquinas y amuletos. Mas por herencia y
costumbre que por real creencia, y así como dice un dicho popular “no creo en
las brujas pero que las hay la hay”, nos vemos avocados a conservar los artículos
en ese por “si las moscas”, pues parece ser que todavía no estamos preparados
soltarnos de la tradición mágica, y estas fotografías bien han cumplido su
tarea de mostrarnos los sitios y la importancia que aún conserva el objeto místico.
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